¡Hola, grupo! ¿Cómo lo estáis llevando? ¡Espero que bien! 🙂 En el post de hoy hablamos de por qué es importante educar con el ejemplo y de algunas pequeñas acciones diarias que podéis llevar a cabo para ello. ¡Vamos a verlo!
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La educación infantil no solo ocurre a través de palabras, actividades programadas o materiales didácticos. En realidad, las lecciones más profundas y duraderas se transmiten de forma silenciosa, a través de las acciones cotidianas que los adultos realizan frente a los niños. En el aula, en casa, en cualquier contexto educativo, los pequeños observan con atención constante y aprenden, fundamentalmente, por imitación.
Educar con el ejemplo es una forma de vida. Supone actuar con coherencia, ser conscientes de que cada gesto deja huella y que la manera en la que un adulto se comporta enseña mucho más que cualquier explicación verbal. Estas diez acciones, sencillas en apariencia, son en realidad potentes herramientas educativas cuando se repiten día a día con intención.
¿Qué significa educar con el ejemplo en educación infantil?
Educar con el ejemplo significa enseñar a través de lo que se hace, no solo a través de lo que se dice. En la educación infantil, esto cobra un valor inmenso, porque los niños pequeños aprenden fundamentalmente observando y repitiendo lo que ven en los adultos que los rodean.
A esta edad, el cerebro de los niños está en pleno desarrollo y absorbe información como una esponja. Pero más allá de lo académico, los niños están aprendiendo cómo se vive en sociedad: cómo se trata a los demás, cómo se enfrentan las emociones, cómo se habla, cómo se gestiona el conflicto, cómo se cuida el entorno. Y todo esto lo aprenden mirando cómo actúan sus adultos de referencia.
Un niño puede oír mil veces “hay que respetar a los demás”, pero si ve que un adulto grita, interrumpe, desprecia o ridiculiza, aprenderá que eso también es parte del trato cotidiano. Por el contrario, si observa que un adulto escucha con atención, pide perdón cuando se equivoca, respeta los turnos, habla con amabilidad y muestra empatía, entonces comenzará a reproducir esas mismas conductas.
Educar con el ejemplo no es solo una estrategia pedagógica: es una forma de vida coherente. Supone actuar desde la conciencia de que cada gesto, cada palabra y cada actitud está dejando una huella. Y no se trata de ser perfectos, sino de ser auténticos y coherentes, mostrando que todos aprendemos cada día, que es normal equivocarse y que lo importante es cómo se responde a los errores.
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¿Por qué es importante educar con el ejemplo en educación infantil?
Ya hemos explicado qué significa educar con el ejemplo en educación infantil, pero… ¿por qué es tan importante llevarlo a cabo? ¡Vamos a verlo!
🌟Los niños aprenden observando, no solo escuchando
Los niños en la etapa infantil tienen una gran capacidad de observación. Están constantemente mirando cómo interactúan los adultos, cómo se enfrentan a los problemas, cómo se comunican, cómo gestionan sus emociones. Aunque los adultos den instrucciones claras y expliquen una y otra vez cómo deben comportarse, el niño va a aprender más de lo que ve que de lo que escucha.
En esta etapa, los niños no tienen la capacidad de comprender conceptos abstractos de manera compleja. Ellos no solo escuchan las instrucciones o las normas, sino que las interiorizan a través de la imitación. Por ejemplo, si un niño ve que un adulto trata con respeto a los demás, escuchando con atención, pidiendo disculpas cuando se equivoca o mostrando empatía, naturalmente incorporará esos comportamientos en su vida cotidiana. El ejemplo es la enseñanza más poderosa y directa.
🌟Establece modelos de comportamiento claros
El modelo de conducta del adulto proporciona al niño una referencia clara sobre cómo comportarse en diferentes situaciones. Los niños necesitan modelos a seguir para estructurar su propia manera de actuar y relacionarse con el mundo. Cuando los adultos educan con el ejemplo, ofrecen a los niños una base sólida de comportamientos y valores que podrán reproducir.
Por ejemplo, si un educador responde a un conflicto con calma y coherencia, sin gritar ni perder los nervios, el niño verá cómo resolver problemas de manera efectiva. Este comportamiento modelado le enseña a manejar sus propias frustraciones de una forma respetuosa y tranquila. Del mismo modo, cuando un adulto muestra autocontrol emocional en situaciones de estrés o frustración, el niño aprenderá a gestionar sus propias emociones, viendo que es posible mantener la calma, incluso cuando las circunstancias no son ideales.
🌟Fomenta la coherencia entre palabras y hechos
El concepto de coherencia es uno de los aspectos más importantes de educar con el ejemplo. Los niños son increíblemente perceptivos y, si bien pueden no comprender todas las palabras que se les dicen, tienen una capacidad única para captar inconsistencias entre lo que se les dice y lo que se hace. Si un adulto les habla constantemente sobre la importancia de ser amables, pero luego muestra actitudes de intolerancia o desdén hacia otras personas, el mensaje que reciben es confuso y contradictorio.
La coherencia entre lo que se predica y lo que se practica establece una base de confianza. Cuando los niños observan que lo que se dice y lo que se hace coinciden, sienten seguridad, porque entienden que el adulto no solo está imponiendo reglas, sino que también las sigue. Esto no solo fomenta el respeto, sino que también fortalece la credibilidad de las enseñanzas impartidas.
🌟Promueve la autorregulación emocional
El comportamiento de los adultos sirve como un modelo clave para el manejo de emociones. Los niños aún están desarrollando sus habilidades para regular sus emociones, y, en este sentido, los adultos juegan un papel fundamental. Si un adulto educa con el ejemplo y demuestra cómo manejar la frustración, el enojo o el miedo de forma constructiva, el niño aprenderá a replicar esas estrategias.
Por ejemplo, si un niño observa que, cuando un adulto se siente frustrado, respira hondo, se toma un momento para calmarse y luego sigue adelante de manera respetuosa, el niño podrá aprender a gestionar sus propias emociones de manera similar. Este tipo de modelado contribuye directamente al desarrollo emocional saludable, enseñando a los niños no solo a identificar lo que sienten, sino también a gestionarlo de forma efectiva y respetuosa.
🌟Fortalece la relación adulto-niño y crea un ambiente de confianza
La confianza entre el niño y el adulto es fundamental para el desarrollo emocional y social del niño. Cuando los niños ven que los adultos actúan con autenticidad y de acuerdo con sus valores, se sienten más seguros en su relación con ellos. La confianza se construye a través de las acciones, no solo a través de las palabras. Si un adulto actúa de forma coherente con los valores que promueve, el niño percibe que está rodeado de una figura estable, confiable y predecible.
Además, cuando un adulto da el ejemplo, muestra respeto y consideración por el niño como individuo, lo que refuerza su autoestima. Si un niño se siente respetado y valorado por sus adultos, está más propenso a aprender y absorber esos mismos valores, replicándolos en sus relaciones con otros niños y adultos.
🌟Desarrolla valores fundamentales de convivencia
Los valores como el respeto, la empatía, la responsabilidad, la honestidad y la solidaridad no solo se enseñan con palabras, sino con acciones cotidianas. Al modelar estos valores a través del comportamiento diario, los adultos ofrecen ejemplos concretos de cómo actuar de manera respetuosa y empática. Por ejemplo, si un educador comparte con los niños la importancia de cuidar el espacio común, no solo lo dice, sino que lo demuestra recogiendo y organizando el espacio junto con los niños.
Además, los adultos pueden enseñar a los niños a resolver conflictos pacíficamente mostrando cómo pueden manejar desacuerdos sin recurrir a la violencia, la agresividad o el desprecio. Esto no se logra solo con palabras, sino con gestos concretos de respeto y consideración hacia las ideas, emociones y derechos de los demás.
🌟Fomenta una actitud positiva hacia el aprendizaje
Un adulto que muestra entusiasmo, curiosidad y una actitud positiva hacia el aprendizaje está transmitiendo estos valores a los niños. Si los niños ven que el adulto disfruta del proceso de aprender, que explora, experimenta y celebra cada pequeño descubrimiento, este entusiasmo será algo que los niños aprenderán a incorporar. Los niños imitarán no solo las tareas, sino la actitud con la que se enfrentan a ellas.
Esta actitud no solo impulsa el deseo de aprender, sino que también les enseña que el error es parte del proceso, que se puede aprender de los fallos y que lo importante es seguir adelante con una mentalidad positiva y perseverante.
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Acciones sencillas para educar con el ejemplo en el aula
¡Y ahora sí que sí! Llegamos al apartado en el que hablamos de algunas acciones para educar con el ejemplo en el aula (también las podéis aplicar en casa). ¡A por ello!
🤗Pedir perdón con naturalidad
Reconocer un error ante un niño y pedir perdón con sinceridad es una de las acciones más poderosas que un adulto puede realizar. Cuando un educador o familiar se equivoca y lo admite, está demostrando que equivocarse no es algo negativo, sino una parte normal del aprendizaje. Pedir disculpas enseña que todas las personas, independientemente de su edad o autoridad, deben asumir la responsabilidad por sus actos. Además, normaliza la reparación como parte del conflicto, en lugar del castigo o la culpa. Esta actitud fomenta la empatía, el respeto mutuo y la construcción de relaciones basadas en la honestidad.
🤗Escuchar con verdadera atención
Escuchar activamente a un niño implica más que simplemente oír sus palabras. Supone detenerse, establecer contacto visual, asentir, formular preguntas que demuestren interés y responder con atención. Esta forma de escucha valida las emociones e ideas del niño, por pequeñas o simples que puedan parecer. Cuando un adulto se toma el tiempo de escuchar con respeto, está enseñando a su vez a ser un buen oyente. Se refuerza el valor del diálogo, se fortalece la autoestima del niño y se crea un ambiente de confianza que favorece el desarrollo emocional y social.
🤗Cuidar el lenguaje en lo cotidiano
Las palabras que los adultos eligen para comunicarse con los niños moldean su percepción del mundo y de sí mismos. Utilizar un lenguaje claro, positivo y respetuoso en las interacciones diarias es esencial. Evitar etiquetas como «eres malo» o «siempre haces lo mismo» y, en su lugar, describir lo que sucede sin juicios, permite al niño comprender sus acciones sin sentirse desvalorizado. Además, el uso frecuente de expresiones como «por favor», «gracias» y «¿te parece bien si…?» fomenta la cortesía y la consideración hacia los demás. Estas expresiones, cuando se utilizan con naturalidad, se convierten en parte del lenguaje cotidiano del niño.
🤗Mostrar vulnerabilidad de forma adecuada
Los adultos también sienten miedo, tristeza, cansancio o frustración. Compartir estas emociones de manera ajustada y serena con los niños enseña que sentir es natural, y que no existen emociones «malas». Por ejemplo, decir «hoy estoy un poco cansado, pero me alegra estar aquí contigo» muestra que se puede estar cansado y, aun así, mantener una actitud positiva. Esta transparencia ayuda a los niños a identificar y verbalizar sus propias emociones, a desarrollar empatía hacia los demás y a comprender que las emociones no deben ocultarse ni reprimirse.
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🤗Mantener rutinas consistentes con flexibilidad
Las rutinas proporcionan seguridad y estructura a los niños pequeños. Saber qué esperar durante el día les permite anticiparse, reducir la ansiedad y ganar autonomía. Sin embargo, la flexibilidad dentro de esas rutinas también es necesaria. Adaptar una actividad si se percibe cansancio en el grupo, o aprovechar una situación espontánea para explorar un tema nuevo, enseña que el adulto es capaz de observar, escuchar y actuar con sensibilidad. Esta combinación entre consistencia y adaptabilidad favorece un clima emocional seguro y, al mismo tiempo, abierto al descubrimiento.
🤗Cuidar el entorno como una responsabilidad compartida
El aula, el hogar o cualquier espacio compartido deben ser cuidados entre todos. Cuando los adultos se implican activamente en mantener el orden, limpiar, organizar y conservar los materiales, están mostrando con hechos el valor del cuidado y la corresponsabilidad. Levantar un papel del suelo, guardar los materiales en su sitio o reparar algo que se rompió son pequeños actos que, si se realizan de forma natural y visible, se convierten en modelos de acción para los niños. De este modo, se fortalece el sentido de comunidad y se promueve la conciencia ecológica y social desde edades tempranas.
🤗Mostrar entusiasmo por el aprendizaje
El entusiasmo es una emoción contagiosa. Un adulto que se maravilla ante un descubrimiento, que celebra un pequeño logro o que se involucra con alegría en una actividad está transmitiendo mucho más que conocimiento: está enseñando una actitud ante la vida. Cuando los niños ven que aprender puede ser emocionante, que investigar, explorar y equivocarse también son experiencias valiosas, desarrollan una motivación interna que perdura más allá del aula. Esta actitud alimenta la curiosidad natural del niño y le anima a seguir aprendiendo de forma autónoma.
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🤗Aceptar y valorar la diversidad
En todo grupo hay diferencias: de ritmo, de idioma, de cultura, de habilidades. La forma en que el adulto maneja estas diferencias es clave. Adaptar juegos, incluir materiales diversos, hablar con naturalidad sobre otras formas de vida o ajustar una actividad para que todos puedan participar son acciones que comunican inclusión sin necesidad de discursos. La igualdad no significa que todos reciban lo mismo, sino que cada uno reciba lo que necesita para desarrollarse plenamente. Cuando los niños crecen en un entorno que acepta la diferencia como algo valioso, construyen una mirada más justa y empática hacia el mundo.
🤗Ser paciente y coherente
La paciencia es una de las cualidades más valiosas en la educación infantil. Esperar a que un niño termine de hablar, repetir indicaciones sin enfado, mantener la calma ante una conducta desafiante… todo ello requiere esfuerzo consciente. Pero cada una de estas acciones transmite estabilidad emocional, seguridad y respeto. La coherencia en la forma de actuar —decir lo que se va a hacer y cumplirlo, reaccionar de manera previsible y justa— refuerza la confianza del niño en el adulto y en sí mismo. Así se crea un entorno donde el niño puede explorar, equivocarse y crecer con libertad.
🤗Hablar con respeto de las personas ausentes
Los niños escuchan todo. Las conversaciones entre adultos, incluso las que parecen triviales, son observadas con atención. Por eso es fundamental cuidar cómo se habla de otras personas, especialmente cuando no están presentes. Evitar los juicios negativos, los comentarios sarcásticos o los chismes y, en su lugar, expresar opiniones con respeto o simplemente guardar silencio, es un acto de coherencia que enseña a los niños una forma ética y compasiva de relacionarse. Este tipo de ejemplo fortalece valores como la discreción, la empatía y la responsabilidad social.
¡Y hasta aquí el post sobre diez acciones sencillas para educar con el ejemplo que dejarán huella a los peques! ¿Qué os ha parecido? ¡Ojalá os haya resultado interesante! Y sobre todo… ¡nos leemos en la próxima entrada!