Elegir una pedagogía para los más pequeños puede resultar abrumador. Dos de las propuestas educativas más respetadas en educación infantil son la pedagogía Pikler y el enfoque Reggio Emilia. Ambas comparten una mirada profundamente respetuosa hacia la infancia, pero cada una tiene características únicas que merece la pena conocer.
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¿Qué es la pedagogía Pikler?
La pedagogía Pikler, desarrollada por la pediatra húngara Emmi Pikler en Budapest durante la década de 1940, se centra en el respeto absoluto al desarrollo motor autónomo del bebé. Su premisa fundamental es sencilla pero revolucionaria: los niños y niñas no necesitan ser enseñados a moverse, sino que tienen un impulso innato para hacerlo cuando están preparados.
En un ambiente Pikler, los bebés se mueven libremente en el suelo, sin ser colocados en posturas que aún no han alcanzado por sí mismos. Nada de sentar a un bebé que todavía no se sienta solo, ni de ponerlo de pie antes de que pueda hacerlo por su cuenta. Esta filosofía confía plenamente en la capacidad del niño para descubrir su cuerpo y sus posibilidades.
¿Qué es el enfoque Reggio Emilia?
El enfoque Reggio Emilia nació en Italia tras la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad que le da nombre. Loris Malaguzzi fue su principal impulsor, creando una propuesta educativa donde los niños son vistos como ciudadanos competentes, curiosos y capaces de construir su propio aprendizaje.
En Reggio Emilia, el ambiente se considera el «tercer maestro» (después de los educadores y las familias). Los espacios están cuidadosamente diseñados con materiales naturales, luz natural y provocaciones que invitan a la exploración, la investigación y la creatividad. El arte y la documentación pedagógica tienen un papel central en el día a día.
¿En qué se parecen Pikler y Reggio Emilia?
Comprender las diferencias y semejanzas entre Pikler y Reggio Emilia ayuda a tomar decisiones más informadas sobre la educación de los más pequeños. Estas son las coincidencias más significativas:
Respeto profundo por el niño
Ambas pedagogías sitúan al niño en el centro, reconociéndolo como un ser competente desde el nacimiento. No se trata de llenar una mente vacía, sino de acompañar a una persona que ya tiene capacidades, intereses y ritmos propios.
El adulto como observador
Tanto en Pikler como en Reggio Emilia, el papel del adulto es principalmente observar, acompañar y facilitar, en lugar de dirigir o acelerar el aprendizaje. La observación atenta permite conocer realmente a cada niño y responder a sus necesidades genuinas.
Importancia del ambiente preparado
Los dos enfoques dedican gran cuidado al diseño del espacio. Los ambientes deben ser seguros, estéticamente armoniosos y pensados para favorecer la autonomía y el descubrimiento. Cada elemento tiene una intención pedagógica.
Ritmos individuales
Ni Pikler ni Reggio Emilia establecen metas rígidas por edades. Se respeta que cada niño tiene su propio tiempo para desarrollarse, sin comparaciones ni presiones externas.
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¿Cuáles son las principales diferencias entre Pikler y Reggio Emilia?
Enfoque principal
La pedagogía Pikler se centra especialmente en el desarrollo motor autónomo y los cuidados cotidianos como momentos privilegiados de relación. El cambio de pañal, la comida o el vestirse son oportunidades de conexión genuina entre adulto y niño.
Reggio Emilia, por su parte, pone mayor énfasis en la expresión creativa, el arte, los proyectos de investigación grupales y los «cien lenguajes del niño» (formas diversas de expresión como el dibujo, la escultura, el movimiento, las palabras).
Edad de aplicación
Pikler es especialmente reconocida por su trabajo con bebés y niños de 0 a 3 años, aunque sus principios pueden extenderse más allá. Reggio Emilia abarca toda la etapa de educación infantil, desde bebés hasta los 6 años, con especial desarrollo en las etapas de 3 a 6 años.
Materiales y actividades
En Pikler, los materiales suelen ser simples y están orientados al movimiento libre: triángulos de trepa, rampas, objetos para manipular. La propuesta es minimalista pero muy pensada.
Reggio Emilia ofrece una mayor variedad de materiales, especialmente artísticos y naturales: arcilla, pinturas, materiales de reciclaje, elementos de la naturaleza, retroproyectores, mesas de luz. La provocación estética es constante.
Rol del juego y la exploración
Ambas valoran el juego libre, pero Pikler enfatiza especialmente el movimiento autónomo como forma de juego en los primeros años. Reggio Emilia incorpora proyectos de investigación más estructurados (aunque siempre surgidos del interés de los niños) que pueden durar semanas o meses.
Documentación
Mientras que en Pikler la observación es fundamental pero discreta, Reggio Emilia ha desarrollado todo un sistema de documentación pedagógica que hace visible el proceso de aprendizaje mediante paneles, fotografías, transcripciones de conversaciones y portfolios que se comparten con las familias.
¿Qué pedagogía es mejor?
Esta pregunta no tiene una respuesta única. Conocer las diferencias y semejanzas entre Pikler y Reggio Emilia permite a las familias y educadores elegir según las necesidades, valores y contexto de cada niño.
Si se busca un enfoque especialmente centrado en el respeto al cuerpo y al desarrollo motor desde el nacimiento, con una mirada muy cuidadosa en los momentos de cuidados cotidianos, Pikler puede resonar profundamente. Es ideal para familias que valoran la calma, la observación y el no-intervencionismo en el desarrollo físico.
Si se prefiere un ambiente rico en estímulos creativos, con proyectos de investigación y gran protagonismo del arte y la expresión, Reggio Emilia puede ser la elección. Funciona muy bien para niños curiosos que disfrutan explorando materiales diversos y participando en proyectos colectivos.
¿Se pueden combinar ambas pedagogías?
La buena noticia es que muchos espacios educativos integran elementos de ambas propuestas. No son enfoques opuestos, sino complementarios. Se puede tener un ambiente inspirado en Reggio Emilia que también respete los principios del movimiento libre de Pikler, especialmente con los más pequeños.
Algunos centros diseñan espacios donde los bebés tienen áreas de movimiento libre con materiales Pikler, mientras que los niños mayores participan en proyectos creativos propios de Reggio. Los cuidados cotidianos se realizan con la presencia y el respeto que propone Pikler, mientras el atelier y la documentación siguen la filosofía Reggio.
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¿Cómo implementar estos enfoques en casa?
Las familias pueden incorporar principios básicos de ambas pedagogías en el hogar, sin necesidad de formación especializada ni grandes inversiones:
- Desde Pikler: crear un espacio seguro en el suelo donde el bebé pueda moverse libremente. Resistir la tentación de sentarlo o ponerlo de pie antes de tiempo. Convertir los momentos de cuidados (cambio de pañal, baño, vestirse) en encuentros tranquilos de verdadera conexión, sin prisas ni distracciones.
- Desde Reggio Emilia: ofrecer materiales abiertos y diversos para la exploración: cajas de cartón, telas, elementos naturales, pinturas. Observar qué le interesa al niño y ampliar esas oportunidades. Documentar con fotos o notas los descubrimientos y aprendizajes, creando una memoria visual de su desarrollo.
¿Qué formación necesitan los educadores?
Para implementar auténticamente cualquiera de estas pedagogías, la formación continua es fundamental. Existen cursos específicos de la Asociación Pikler-Lóczy y de Reggio Children (la organización oficial que difunde el enfoque de Reggio Emilia).
Lo más importante, más allá de los certificados, es desarrollar la capacidad de observación, la paciencia, la escucha activa y una mirada verdaderamente respetuosa hacia la infancia. Ambas pedagogías requieren un trabajo personal del adulto para desaprender patrones directivos y confiar en las capacidades de los niños.
Las diferencias y semejanzas entre Pikler y Reggio Emilia reflejan que existen múltiples formas de honrar la infancia. Ambas pedagogías comparten la convicción de que los niños merecen espacios donde ser respetados, escuchados y acompañados en su desarrollo único.
La elección no tiene por qué ser excluyente. Lo verdaderamente transformador es adoptar la filosofía de fondo que ambas comparten: mirar a cada niño con ojos limpios, confiar en su impulso vital de crecer y aprender, y crear ambientes donde puedan ser plenamente ellos mismos.
Para educadores y familias que buscan una educación más consciente y respetuosa, conocer estas propuestas abre puertas a nuevas formas de acompañar la infancia. Porque al final, más allá de las etiquetas, lo que importa es que cada niño pueda desarrollarse sintiéndose visto, valorado y libre para ser quien está llegando a ser.


