Cuando sois educadores infantiles y queréis llorar, pero sonreís al máximo

Cuando sois educadores infantiles
Vosotros, educadores infantiles, tenéis la fuerza para sonreír al máximo. ¡Ánimo!

¡Hola, grupo! ¿Cómo lo estáis llevando? Está claro que ser educadores infantiles no es fácil. Hace unos días os contaba por redes sociales una experiencia que había tenido una amiga educadora infantil con la madre de un peque. Os la resumo: un niño tenía casi 38 de fiebre y mi amiga decidió llamar a su familia para informarla. Cuando llegó la mamá le acusó de querer deshacerse de un niño y así trabajar menos.

Desde entonces mi amiga está llena de tristeza, resignación y desmotivación, pero sonríe al máximo por los peques y por las familias que sí apoyan su labor cada día. Así que si sois educadores infantiles y queréis llorar por alguna ofensa hacia vuestro trabajo, pero intentáis estar lo mejor posible en la escuela y con los demás, os comprendo más de lo que creéis. Por desgracia, me di cuenta de que mi amiga no era la única que había vivido una situación así.

Cómo soy consciente de que los ánimos y la autoestima de muchos educadores infantiles (entre ellos los de mi amiga) están bajo mínimos, dejadme que os recuerde porque sois seres de luz e increíblemente necesarios en la etapa infantil y para los peques. ¿Estáis preparados para recibir (vía post de blog) un chute lleno de buenas palabras, energía positiva y sobre todo, muchísimo cariño?

Sois más fuertes de lo que a veces pensáis

Os hacen daño algunas cosas, lloráis y dudáis de si lo estáis haciendo bien, pero al día siguiente entráis por la puerta del aula y os esforzáis al máximo por dar vuestra mejor versión. Cuando poco a poco los peques van llegando con sus enormes sonrisas y llenos de alegría, sabéis que estáis en el lugar correcto y que hacéis lo que os apasiona. Por los peques y por las familias que sí suman dais lo mejor de vosotros. ¡Y lo sabéis!

Por cada dos comentarios malos, tenéis cien buenos

Sí, hay comentarios ofensivos simplemente hechos para intentar haceros daño, pero estoy segura de que también tenéis un montón de palabras bonitas y de gestos cariñosos de personas que sí valoran lo que hacéis en vuestro día a día. Como educadores infantiles os recomiendo enfocaros en esos comentarios buenos, en los que os aportan estupendas vibraciones y os motivan a seguir con la cabeza alta.

Las sonrisas de los peques lo dicen todo

Es normal que flaqueéis, que a veces se os haga cuesta arriba todo, que no creáis mucho en vosotros mismos, pero… ¿qué tal si observáis las caritas de los peques cuando están en el aula? ESAS CARITAS SON PURA FELICIDAD. Y no sé si sois conscientes de algo… pero los “culpables” de que los niños lleguen a clase con esa alegría, sois vosotros. ¿Así que por qué no aceptáis de buenas maneras esa preciosa “culpa?

Vosotros sabéis la auténtica realidad del día

Como educadores infantiles sois los únicos que sabéis la auténtica realidad de la educación infantil y de vuestro trabajo. Sabéis lo muchísimo que os esforzáis, lo duros que son algunos días, la implicación y el apoyo que brindáis siempre a las familias cuando lo necesitan. Vosotros sabéis de sobra que un día en un aula de infantil no es de color de rosa a pesar de lo que digan. No debéis prestar atención a la gente que no tiene ni idea de esa realidad. 

La educación infantil es para personas sensibles

Vosotros lo sois de sobra. Os duele todo el ámbito de la educación infantil porque solo queréis lo mejor para los peques. Lloráis con los comentarios dañinos porque simplemente os preocupa su salud y su bienestar. Llamáis a las familias cuando los niños están malos porque queréis que se recuperen pronto en un lugar tranquilo para ellos, porque queréis que vuelvan con el doble de energía.

La educación infantil no es una etapa obligatoria, pero vosotros educadores infantiles, sois una parte increíblemente importante en la vida de los niños y de las familias. Cuando os hieren es normal llorar, desmotivarse, venirse abajo y que vuestra autoestima caiga en picado, pero vosotros tenéis la fuerza y la entereza necesaria de volver al aula cada día con una sonrisa más grande que la del día anterior.

Os admiro, os admiro muchísimo. ¡ÁNIMO, EDUCADORES INFANTILES!

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