El desarrollo del lenguaje en infantil es uno de los procesos más fascinantes y determinantes en los primeros años de vida. Durante la etapa de educación infantil, los niños y niñas experimentan una explosión comunicativa que les permite pasar de balbuceos a conversaciones complejas en apenas unos años. Pero, ¿qué factores impulsan este desarrollo y cuáles pueden frenarlo? Acompáñanos en este recorrido por el apasionante mundo del lenguaje infantil.
Comprar el cuento De mayor quiero ser… feliz 3, de Anna Morato en Amazon España
¿Por qué es tan importante el desarrollo del lenguaje en infantil?
El lenguaje no es solo la capacidad de hablar, es la llave que abre las puertas del pensamiento, la socialización y el aprendizaje. Cuando un niño desarrolla sus habilidades lingüísticas, está construyendo simultáneamente su capacidad para comprender el mundo, expresar emociones, relacionarse con otros y, más adelante, aprender a leer y escribir.
En la etapa infantil, el cerebro tiene una plasticidad extraordinaria. Las conexiones neuronales se forman a una velocidad asombrosa, especialmente entre los 0 y los 6 años. Por eso, lo que ocurre durante estos años marca una diferencia significativa en el desarrollo posterior del niño.
¿Cuáles son las etapas del desarrollo del lenguaje en infantil?
Entender las etapas del desarrollo del lenguaje en infantil ayuda a familias y educadores a identificar si el proceso evoluciona adecuadamente o si conviene buscar apoyo profesional.
De 0 a 12 meses: la etapa prelingüística
Durante el primer año, los bebés se comunican principalmente a través del llanto, los arrullos y los balbuceos. Aunque no pronuncian palabras, están aprendiendo los sonidos de su lengua materna y empiezan a comprender que los sonidos tienen significado. Alrededor de los 9-12 meses, muchos bebés pronuncian sus primeras palabras reconocibles.
De 12 a 24 meses: las primeras palabras
Entre el primer y segundo año, el vocabulario se expande rápidamente. Los niños empiezan a combinar dos palabras para formar frases simples como «mamá agua» o «más galleta». Es una fase de mucha experimentación y de descubrimiento del poder de las palabras.
De 2 a 3 años: la explosión del vocabulario
Esta etapa se caracteriza por un crecimiento exponencial del vocabulario. Los niños pueden aprender varias palabras nuevas cada día y comienzan a formar frases de tres o más palabras. También empiezan a hacer preguntas constantes, ese famoso «¿por qué?» que tanto conocen las familias.
De 3 a 6 años: perfeccionamiento y complejidad
Durante la educación infantil propiamente dicha, los niños perfeccionan su pronunciación, construyen frases cada vez más complejas, usan tiempos verbales con mayor precisión y desarrollan habilidades narrativas. Pueden contar historias, explicar lo que han hecho durante el día y mantener conversaciones más elaboradas.
Post recomendado: ¿Qué es el Técnico superior en Animación Cultural y Turística?
¿Qué favorece el desarrollo del lenguaje en infantil?
Existen múltiples factores que actúan como impulsores naturales del lenguaje. Conocerlos permite crear entornos ricos en oportunidades comunicativas.
Conversaciones frecuentes y de calidad
Hablar con los niños desde que nacen es fundamental. No se trata solo de cantidad, sino de calidad. Las conversaciones donde se escucha al niño, se responde a sus intentos comunicativos y se amplían sus ideas son las que más favorecen el desarrollo del lenguaje en infantil.
Cuando un niño señala un perro y dice «guau», responder con «Sí, es un perro grande y marrón. ¿Te gusta cómo mueve la cola?» amplía su comprensión y vocabulario de forma natural.
Lectura compartida de cuentos
Leer cuentos con los niños es una de las actividades más beneficiosas para el lenguaje. Los libros exponen a los pequeños a vocabulario variado, estructuras gramaticales complejas y a la magia de las historias. Además, el momento de lectura compartida refuerza el vínculo afectivo y crea asociaciones positivas con el lenguaje y la lectura.
Es importante hacer de la lectura un momento interactivo: señalar imágenes, hacer preguntas sobre lo que pasa en la historia, relacionar el cuento con experiencias propias del niño.
Juego simbólico y dramatizaciones
Cuando los niños juegan a «las casitas», «las tiendas» o «los médicos», están poniendo en práctica el lenguaje en contextos significativos. El juego simbólico permite experimentar con diferentes roles, vocabularios específicos y estructuras comunicativas en un ambiente seguro y divertido.
Canciones, rimas y juegos de palabras
Las canciones infantiles, las retahílas y los juegos con sonidos ayudan a desarrollar la conciencia fonológica, es decir, la capacidad de reconocer y manipular los sonidos del lenguaje. Esta habilidad es crucial para el posterior aprendizaje de la lectoescritura.
Además, las rimas y canciones suelen ser repetitivas, lo que facilita la memorización y el aprendizaje de nuevas palabras en contextos predecibles.
Modelado del lenguaje correcto
Los adultos actúan como modelos lingüísticos. Cuando un niño dice «yo no cabió», en lugar de corregir directamente con un «no se dice así», es más efectivo reformular: «Ah, no cabías en el coche. Era muy pequeño, ¿verdad?». Esta técnica, llamada reformulación o recasting, permite al niño escuchar la forma correcta sin sentirse juzgado.
Escucha activa y respeto por los turnos
Enseñar a los niños a escuchar y respetar los turnos de conversación no solo fomenta la cortesía, sino que les ayuda a estructurar mejor sus ideas y a comprender la naturaleza bidireccional de la comunicación.
Experiencias variadas y enriquecedoras
Visitas al parque, al mercado, a museos adaptados a su edad, salidas a la naturaleza… Cada nueva experiencia proporciona vocabulario nuevo y contextos diversos para usar el lenguaje. Hablar sobre lo que se ve, se toca, se huele o se escucha enriquece enormemente el repertorio lingüístico infantil.
¿Qué puede bloquear o retrasar el desarrollo del lenguaje en infantil?
Así como existen factores que favorecen el lenguaje, también hay elementos que pueden obstaculizarlo o ralentizarlo. Identificarlos es el primer paso para minimizar su impacto.
Falta de interacción verbal
Los niños necesitan conversaciones reales con personas reales. Un entorno silencioso o donde los adultos no hablan con los pequeños limita drásticamente las oportunidades de aprendizaje lingüístico. El lenguaje se aprende en la interacción, no en la pasividad.
Uso excesivo de pantallas
Aunque algunos programas educativos pueden tener valor, el tiempo excesivo frente a pantallas reduce las oportunidades de interacción cara a cara. Las pantallas son unidireccionales: el niño recibe información pero no hay intercambio comunicativo real. Además, el uso prolongado de dispositivos puede afectar la atención y la disposición para la conversación.
Las recomendaciones de los expertos son claras: limitar el tiempo de pantallas, especialmente en menores de 2 años, y priorizar siempre la interacción humana.
Sobreprotección comunicativa: anticiparse constantemente a sus necesidades
Cuando los adultos satisfacen todas las necesidades del niño sin darle la oportunidad de pedirlas, se reduce su motivación para comunicarse. Si el pequeño señala el zumo y antes de que pueda intentar pedirlo ya lo tiene en sus manos, pierde una valiosa oportunidad de practicar el lenguaje.
Es importante dar tiempo de espera y crear situaciones que motiven la comunicación, sin que esto signifique ignorar sus necesidades básicas.
Correcciones constantes y críticas al habla
Corregir cada error o presionar al niño para que «hable bien» puede generar ansiedad y retraimiento comunicativo. Los niños que sienten que su forma de hablar no es aceptada pueden optar por hablar menos, lo que paradójicamente retrasa su desarrollo lingüístico.
El lenguaje se aprende mejor en un ambiente relajado donde los errores son parte natural del proceso de aprendizaje.
Otitis recurrentes y problemas auditivos
Los problemas de audición, aunque sean temporales, pueden afectar significativamente el desarrollo del lenguaje en infantil. Si un niño no escucha bien, no puede procesar correctamente los sonidos del habla ni aprender a reproducirlos adecuadamente.
Las otitis repetidas durante los primeros años son una causa común de retraso del lenguaje que, afortunadamente, suele ser reversible con tratamiento médico adecuado.
Bilingüismo mal gestionado
Aunque el bilingüismo en sí es beneficioso, cuando la exposición a ambas lenguas es inconsistente, fragmentada o de baja calidad, puede crear confusión temporal. Por ejemplo, si los adultos mezclan constantemente ambos idiomas sin coherencia, o si el niño no recibe suficiente input en ninguna de las dos lenguas.
Falta de estimulación o entornos empobrecidos lingüísticamente
Los niños que crecen en ambientes donde el vocabulario es limitado, las conversaciones son escasas y no hay acceso a libros o experiencias variadas, pueden desarrollar el lenguaje más lentamente. La llamada «brecha de vocabulario» ya se manifiesta desde edades tempranas.
Trastornos del neurodesarrollo
Algunas condiciones como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), la discapacidad intelectual o ciertos síndromes pueden afectar el desarrollo lingüístico. En estos casos, la intervención temprana especializada es fundamental.
Factores emocionales y situaciones de estrés
Los niños que viven situaciones de estrés, trauma o inestabilidad emocional pueden presentar dificultades en su desarrollo del lenguaje. El cerebro en situación de alerta constante prioriza la supervivencia sobre el aprendizaje de habilidades complejas como el lenguaje.
Post recomendado: Cómo acompañar la frustración de los niños: guía para familias y educadores
¿Cuándo preocuparse por el desarrollo del lenguaje?
Cada niño tiene su propio ritmo, pero existen algunas señales de alerta que conviene no ignorar:
- A los 12 meses no balbucea ni hace gestos como señalar o decir adiós con la mano
- A los 18 meses no dice ninguna palabra con significado
- A los 2 años no combina dos palabras
- A los 3 años su habla es mayormente incomprensible para personas fuera de la familia
- A cualquier edad, pérdida de habilidades lingüísticas previamente adquiridas
- Frustración evidente al intentar comunicarse
- Falta de interés en la interacción social o comunicativa
Ante estas señales, es recomendable consultar con el pediatra, quien puede derivar a un logopeda o a otros especialistas según sea necesario.
¿Cómo pueden ayudar las familias y educadores?
El desarrollo del lenguaje en infantil es una responsabilidad compartida entre familias y escuela. Algunas recomendaciones prácticas incluyen:
- Narrar la vida cotidiana. Hablar sobre lo que se está haciendo en cada momento: «Ahora vamos a ponernos el abrigo porque hace frío afuera». Este tipo de lenguaje descriptivo es muy valioso.
- Hacer preguntas abiertas. En lugar de preguntar «¿Te gustó el parque?» (que se responde con sí o no), preguntar «¿Qué fue lo que más te gustó del parque?» invita a respuestas más elaboradas.
- Esperar y escuchar. Dar tiempo al niño para que formule sus ideas y responda. No completar sus frases ni hablar por ellos.
- Crear rutinas de lectura. Establecer un momento diario para leer juntos, aunque sean solo 10-15 minutos.
- Limitar el uso de chupete y biberón. El uso prolongado de estos objetos puede afectar el desarrollo orofacial y, consecuentemente, la articulación del lenguaje.
- Cantar y jugar con palabras. Hacer del lenguaje algo divertido a través de canciones, adivinanzas y juegos verbales.
- Validar los intentos comunicativos. Aunque el niño no se exprese perfectamente, reconocer su esfuerzo por comunicarse refuerza positivamente su deseo de seguir intentándolo.
El papel de la escuela infantil
Los centros de educación infantil juegan un rol fundamental en el desarrollo del lenguaje. Ofrecen:
- Interacción con iguales, lo que motiva la comunicación de forma diferente a la interacción con adultos
- Educadores formados que conocen estrategias específicas para estimular el lenguaje
- Actividades estructuradas diseñadas para fomentar diferentes aspectos lingüísticos
- Detección temprana de posibles dificultades
- Ambientes ricos en experiencias comunicativas
La colaboración entre familia y escuela, compartiendo observaciones y estrategias, potencia exponencialmente los beneficios para el niño.
Mitos comunes sobre el desarrollo del lenguaje en infantil
- «Si habla tarde, es porque es vago». El desarrollo del lenguaje no tiene que ver con pereza. Si hay retraso significativo, siempre hay una razón que conviene explorar.
- «Ya hablará cuando esté preparado». Si bien es cierto que cada niño tiene su ritmo, esperar pasivamente ante señales de alerta puede hacer perder ventanas de oportunidad para la intervención temprana.
- «Los niños hablan más tarde que las niñas». Aunque existe alguna evidencia de leves diferencias estadísticas, estas no justifican retrasos significativos en ningún género.
- «Si le hablan en dos idiomas se confundirá». Como ya mencionamos, el bilingüismo no causa confusión permanente ni retraso del lenguaje cuando se gestiona adecuadamente.
El desarrollo del lenguaje en infantil es un proceso complejo y maravilloso que depende de múltiples factores. Favorecer este desarrollo no requiere métodos sofisticados ni materiales caros: requiere presencia, conversación auténtica, lectura compartida y un entorno que valore la comunicación.
Por otro lado, evitar los bloqueadores implica estar atentos a no saturar con pantallas, permitir espacios para que el niño tenga necesidad de comunicarse y mantener una actitud positiva hacia sus intentos comunicativos, por imperfectos que sean.
Cada palabra nueva, cada frase construida, cada historia contada es un paso más en el desarrollo integral del niño. Como familias y educadores, tenemos el privilegio de acompañar este viaje fascinante, creando las condiciones para que cada niño y niña pueda desplegar todo su potencial comunicativo.
El lenguaje no es solo hablar, es pensar, es conectar, es ser. Y en la etapa infantil, es donde todo comienza.


