La llegada de un nuevo hermano es uno de los acontecimientos más significativos en la vida de un niño pequeño. Aunque las familias suelen prepararse con ilusión para este momento, la realidad es que los celos entre hermanos son una respuesta completamente natural y, en muchos casos, esperada. Desde la escuela infantil, los educadores ocupan una posición privilegiada para acompañar tanto a los pequeños como a sus familias en este proceso de adaptación.
Comprar el cuento Tú y yo (llegada de un hermano), de Elisenda Roca en Amazon España
¿Por qué aparecen los celos entre hermanos?
Los celos entre hermanos no son un capricho ni una muestra de mal comportamiento. Son una emoción legítima que refleja el miedo del niño a perder el amor y la atención de sus padres. Hasta ese momento, el pequeño ha sido el centro del universo familiar, y la llegada de un bebé supone un cambio radical en su mundo conocido.
En la escuela infantil, muchas educadoras observan cambios significativos en el comportamiento de los niños cuando nace un hermano: retrocesos en el control de esfínteres, mayor necesidad de contacto físico, rabietas más frecuentes o incluso conductas regresivas como volver a pedir el chupete o hablar como un bebé.
¿Cuándo aparecen los celos entre hermanos con más intensidad?
Los celos no siempre se manifiestan inmediatamente después del nacimiento. Algunos niños muestran curiosidad y cariño inicial hacia el bebé, pero las dificultades surgen semanas o meses después, cuando comprenden que ese «invitado» ha venido para quedarse. Otros niños, especialmente los más pequeños (entre 18 meses y 3 años), pueden reaccionar desde el primer momento con desconcierto y rechazo.
Señales de alerta que pueden observarse en la escuela
Como educadores, es fundamental estar atentas a ciertos indicadores que pueden señalar que un niño está atravesando dificultades relacionadas con los hermanos y celos:
- Cambios en el comportamiento social: el niño que antes jugaba de forma cooperativa ahora muestra más agresividad, quita juguetes o necesita la atención constante del adulto.
- Alteraciones emocionales: mayor irritabilidad, llanto frecuente sin motivo aparente, o una tristeza que antes no se observaba.
- Retrocesos evolutivos: volver a hacerse pis encima después de haber controlado esfínteres, pedir biberón en lugar de vaso, o incluso retomar conductas de bebé.
- Dificultades en la alimentación o el sueño: aunque estos aspectos se gestionan principalmente en casa, las familias suelen compartir estas preocupaciones con las educadoras durante las tutorías.
- Búsqueda excesiva de aprobación: el niño pregunta constantemente si lo que hace está bien o muestra una necesidad desmedida de elogios.
Post recomendado: ¿FP o grado universitario online? Qué elegir según tu situación en 2026
¿Cómo podemos ayudar desde la escuela infantil?
La escuela infantil no es solo un espacio de aprendizaje y socialización; también es un refugio emocional donde los niños se sienten seguros y valorados. Desde este entorno, podemos implementar estrategias concretas para apoyar a los pequeños que enfrentan el desafío de celos entre hermanos.
Mantener rutinas estables y predecibles
Cuando todo cambia en casa con la llegada del nuevo bebé, la escuela se convierte en un oasis de estabilidad. Mantener las rutinas habituales, los rituales de entrada y salida, y las actividades conocidas proporciona al niño un ancla emocional fundamental.
Validar las emociones sin juzgar
Es esencial que los niños sepan que sentir celos es normal y que no les convierte en «malos hermanos». Cuando un pequeño expresa sentimientos negativos hacia su hermano, la respuesta no debe ser «no digas eso» o «tienes que querer a tu hermano», sino más bien: «Entiendo que a veces te sientas enfadado porque mamá está muy ocupada con el bebé. Es normal sentirse así.»
Reforzar su identidad como «el mayor»
Aunque es importante no presionar al niño con responsabilidades excesivas, sí podemos ayudarle a construir una identidad positiva asociada a ser el hermano mayor. Destacar sus capacidades («mira todo lo que sabes hacer que el bebé aún no puede») le ayuda a ver ventajas en su nueva posición familiar.
Crear espacios de protagonismo individual
Organizar actividades en las que cada niño pueda brillar, tener momentos de atención exclusiva con la educadora y celebrar sus logros personales son formas de reforzar su autoestima durante este periodo de adaptación.
¿Qué información y recursos podemos ofrecer a las familias?
La comunicación con las familias es una de las herramientas más poderosas de las que dispone la escuela infantil. Muchas madres y padres se sienten desbordados, culpables o confundidos ante las reacciones de su hijo mayor, y necesitan orientación profesional.
Reuniones y tutorías específicas
Cuando detectamos que un niño está pasando por un momento complicado relacionado con los celos entre hermanos, es recomendable proponer una tutoría específica. En este encuentro, se puede:
- Normalizar lo que está ocurriendo
- Compartir observaciones del comportamiento del niño en la escuela
- Intercambiar información sobre cómo se comporta en casa
- Ofrecer estrategias concretas y personalizadas
- Crear un plan de acción conjunto entre familia y escuela
Talleres para familias
Organizar talleres o charlas sobre el tema de los hermanos y celos puede ser muy valioso. Estos espacios permiten que las familias compartan experiencias, se sientan acompañadas y reciban información basada en la pedagogía y la psicología infantil.
Recursos bibliográficos y materiales
Facilitar a las familias el acceso a cuentos infantiles que aborden el tema de la llegada de un hermano puede ser de gran ayuda. Algunos libros permiten que el niño se identifique con el protagonista y exprese emociones que quizá no sabe verbalizar de otra manera.
¿Cuánto tiempo duran los celos entre hermanos?
Esta es una de las preguntas más frecuentes que hacen las familias. La respuesta no es única, ya que cada niño vive el proceso a su ritmo. Generalmente, los celos más intensos suelen aparecer en los primeros meses tras el nacimiento y van disminuyendo a medida que el niño mayor comprueba que el amor de sus padres no ha desaparecido y que su lugar en la familia sigue siendo importante.
Sin embargo, es normal que haya «brotes» de celos en diferentes momentos: cuando el bebé empieza a desplazarse y toca las cosas del mayor, cuando comienza a hablar y recibe muchas celebraciones, o cuando entra en la misma escuela infantil que su hermano.
Post recomendado: Biografía de Astrid Lindgren: la escritora de Pipi Calzaslargas que defendía una infancia libre y respetada
Estrategias prácticas para el aula
Más allá de la comunicación con las familias, existen actividades específicas que podemos incorporar en el día a día del aula para trabajar las emociones relacionadas con los hermanos y celos:
Cuentos y dramatizaciones
Utilizar cuentos que hablen sobre hermanos, compartir, celos y emociones complejas. Después de la lectura, crear espacios de conversación donde los niños puedan expresar cómo se sienten.
El rincón de las emociones
Crear un espacio en el aula donde los niños puedan expresar libremente sus sentimientos, con materiales como cojines, fotografías de expresiones faciales, muñecos o títeres.
Juego simbólico
Proporcionar materiales de juego que permitan representar situaciones familiares: muñecos bebés, cunitas, biberones. A través del juego, los niños procesan sus vivencias y emociones.
Actividades de autoestima
Realizar dinámicas que refuercen la identidad individual de cada niño: «el libro de lo que sé hacer», murales con fotos de cada niño haciendo cosas que les gustan, o celebraciones de los logros personales.
¿Qué errores debemos evitar al abordar los hermanos y celos?
Aunque las intenciones siempre son buenas, existen algunos errores comunes que pueden complicar la situación:
- Comparar a los hermanos: frases como «tu hermano pequeño no llora tanto» o «tu hermana mayor sí se porta bien» solo aumentan la rivalidad y los celos.
- Minimizar los sentimientos: decir «no es para tanto» o «no tengas celos» invalida las emociones del niño y le enseña a reprimirlas en lugar de gestionarlas.
- Exigir muestras de cariño forzadas: obligar al niño a besar o abrazar al bebé cuando no quiere puede generar más rechazo.
- Convertir al mayor en cuidador: aunque es positivo que colabore, no debe sentir que ha perdido su infancia por tener que «ayudar siempre» con el pequeño.
- No dedicar tiempo exclusivo: tanto en casa como en la escuela, cada niño necesita momentos en los que sea el único protagonista.
El papel fundamental de la coordinación familia-escuela
Los celos entre hermanos no son un problema que se resuelva solo en casa o solo en la escuela. Requieren un trabajo conjunto, coherente y continuado. Cuando las familias y los educadores trabajan en equipo, los resultados son mucho más positivos.
Esta coordinación implica:
- Comunicación fluida y bidireccional
- Respeto mutuo por los roles de cada parte
- Coherencia en los mensajes que se transmiten al niño
- Paciencia y comprensión de que es un proceso gradual
- Celebración conjunta de los pequeños avances
¿Cuándo derivar a un profesional especializado?
Aunque los celos entre hermanos son normales, en algunos casos pueden requerir la intervención de un psicólogo infantil. Algunas señales de alerta incluyen:
- Agresividad física hacia el bebé que pone en riesgo su seguridad
- Retrocesos muy marcados que no mejoran con el tiempo
- Síntomas de ansiedad o depresión infantil
- Rechazo total hacia el hermano que se mantiene durante meses
- Alteraciones graves en la alimentación o el sueño
Desde la escuela, podemos sugerir a la familia que consulte con un especialista, siempre desde el respeto y sin generar alarma innecesaria.
Los celos entre hermanos forman parte del desarrollo emocional de muchos niños y son una oportunidad para aprender a gestionar emociones complejas, adaptarse a los cambios y construir relaciones significativas. Desde la escuela infantil, el acompañamiento respetuoso, la validación emocional y la coordinación con las familias son las claves para ayudar a los pequeños a transitar este proceso de la mejor manera posible.
Cada niño es único y vive este momento a su manera. Como educadoras, el mayor regalo que podemos ofrecer es una presencia constante, una escucha activa y la certeza de que, aunque todo cambie, el amor y el cuidado hacia ellos permanecen intactos.


