¿Hay educadores infantiles a los que NO LES GUSTA SU TRABAJO?

educadores infantiles sin vocación
Hoy tocamos un tema conflictivo: ¿creéis que hay educadores infantiles a los que no les gusta su trabajo?

¡Hola, grupo! ¿Cómo lo estáis llevando? ¡Espero que genial! Hoy vamos a hablar de un tema bastante conflictivo. Os lanzo la siguiente pregunta: ¿creéis que hay educadores infantiles sin pasión ni emoción en las aulas? ¿Pensáis que hay educadores infantiles que no les gusta su trabajo? ¡Os voy a dar mi opinión al respecto!

¿Es importante tener vocación para ser educador infantil?

Mi respuesta es que sí. Sé que hay educadores infantiles que no sienten vocación y que no hacen mal su trabajo. Pero… ¿les gusta? ¿Cuándo llegan a casa se sienten satisfechos con lo que han hecho? Aunque lo hagan correctamente se tienen que sentir bastante vacíos y desilusionados, ¿no creéis? Desde mi perspectiva, creo que la educación infantil es una etapa muy vocacional, cercana y vivencial.

No es lo mismo la teoría que la práctica en escuelas infantiles

¡Y aquí viene lo más importante! Hay muchos estudiantes que obtienen buenísimas notas durante el ciclo formativo o la carrera, pero al llegar a las prácticas en escuelas infantiles se vienen abajo porque se dan cuenta de que ese trabajo no es lo suyo y se desmotivan. ¿Qué habría que hacer si ocurre esto? Pues ahí está la sinceridad con uno mismo. Para mí es mejor dejarlo y centrarme en descubrir qué es de verdad lo que me apasiona.

No todo el mundo puede trabajar como educadores infantiles

¿Verdad que es de sentido común? Yo lo explico: no todo el mundo puede ser médico, enfermero, mecánico, peluquero o escritor. Así que… no todas las personas están preparadas para ser educadores infantiles. Aunque la mayoría de la gente piense lo contrario, trabajar en esta etapa es un esfuerzo constante y requiere de muchísima responsabilidad y amor por la infancia.

Estudiar educación infantil porque es lo más fácil no funciona

Está claro que estudiar educación infantil no es una carrera de ingeniería o medicina, pero eso no significa que no haya que dedicarle tiempo, hacer trabajos e implicarse. Además, lo más complicado y lo que requiere más esfuerzo es el día a día en las escuelas infantiles. Es ahí cuando la mayoría de la gente que decía que la educación infantil era increíblemente fácil se da cuenta de lo equivocados que estaban.

¿Hay educadores infantiles que no lo son de corazón en las aulas?

Por desgracia tengo que decir que sí. Amigos íntimos que han hecho sus prácticas en escuelas infantiles me han llegado a decir que sus tutores de prácticas les han hecho su estancia complicada, que trataban mal a los niños y que se les veía que no les gustaba absolutamente nada su trabajo. Hay gente que dirá eso de “bueno, malos profesionales hay en todos los sitios”, pero en este trabajo no debería haberlos ni por asomo.

Los educadores infantiles tienen que tener respeto máximo a la infancia, y ninguno de ellos debería tratar con respeto a los niños. Me da igual que sean los mínimos o no. Ningún niño merece nunca que se le trate mal, y menos un profesional que se ha formado para trabajar en educación infantil. Parece ser que hay gente que no comprende la importancia de la educación infantil en el desarrollo de los niños.

Aunque ahora la situación está complicada, hay un montón de trabajos diferentes. Me parece algo muy ruin entrar en educación infantil sin sentir pasión por la infancia, sin tener interés por la etapa y sin querer dar la mejor versión a los peques y a las familias. La educación infantil no debería ser bajo ningún concepto la “última opción” de nadie para seguir estudiando.

Ojalá se deje de infravalorar y de despreciar esta maravillosa etapa de una vez por todas. ¿Os habéis topado alguna vez con algún educador infantil que no sentía pasión por lo que hacía? ¡Espero vuestros comentarios por aquí o por las redes sociales! ¡Nos vemos en el próximo post!

Imagen Freepik

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2 comments
  1. Gracias por lo que dices, mi hijo por desgracia en sus primeros años en el cole, tuvo la mala suerte de toparse con dos educadores que no tenían vocación, sino que se veía que fue la opción fácil para ellos y por desgracia, digo otra vez eso, porque mi hijo lo lleva arrastrando desde entonces, su falta de empatía, cariño y profesionalidad nos obligaron a cambiar cole y domicilio y fue muy triste le hicieron mucho daño, no sólo por no enseñarle cosas básicas, sino porque tubo que dejar amigos, casa, etc. Al final gracias a otros grandes profesionales que encontramos tras el cambio el ahora está mejor, yo sé cuanto daño pueden hacer estas personas sin vocación y es muy triste que les ampare una oposición solo por ser buenos estudiantes, que no buenos educadores, la teoría es una cosa y la práctica con los niños otra. Nunca suelo comentar cosas en internet pero esto nos afecto mucho y quería decirte cuanta razón tienes. Gracias por lo escrito y ojalá llegue un momento en que la sociedad y la administración le dé la importancia que se merece a la educación en general e infantil en particular.

  2. Ciertamente. Lo único que me ha liado y desganado en los establecimientos a los que asisto, son los adultos a los que debo llamar “equipo”, en su mayoría incompetentes y con poca empatía para/con los niños y demás adultos. Dificultan el disfrute y trabajo de los que sí tienen eso llamado “vocación”, desgastan. Pero, quién sabe, tal vez soy yo la del problema.
    Los párvulos me han dado la fuerza para seguir en el rubro, por ellos y por mi. Finalmente, me quedo con las cosas positivas que han significado más que los desafíos de “convivir” con aquellos colegas adultos y agradezco cuando me encuentro con personas de la minoría que posee la coherencia, el amor y la disciplina necesarios con los que soy compatible. Saludos.

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